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“Yo, que estuve allí, aún no lo comprendo”, Elie Wiesel
Mi padre me contó que muchos años más tarde, a causa de las terribles pesadillas, mi abuelo seguía gritando por las noches. Él no estuvo en los campos de concentración, pero mis cuatro abuelos perdieron a la casi totalidad de su familia allí.
Quizá esos sueños, ese horror, fuese también una forma de aferrarse a los recuerdos, una búsqueda inconsciente de los rostros perdidos, los contornos borrados paulatinamente, el burdo intento de retener las imágenes de los seres queridos, que el tiempo va robando – irremediablemente- con la ausencia física.
Cuando era pequeña, en la soledad de la noche, que es cuando vienen mayormente de visita los malos pensamientos durante la niñez – en la madurez llegan a cualquier hora del día-, pensé muchas veces en ello; se me aparecían perros y trenes. En las apariciones que tenían lugar en las sombras nocturnas, los perros perseguían a hombres que corrían desesperados hacia un sitio incierto, y los trenes se asemejaban a ataúdes; vi también hombres agachados en los inodoros, limpiando con sus lenguas suciedades ajenas, retenidos por fusiles tras las nucas inclinadas; maderas podridas por la lluvia, gente con gangrena, infecciones expandiéndose en un gris sinfín, números cual marca de ganado, montañas de zapatos, alfombras hechas de cabello humano, gente temblando a causa de electroshocks, duchas de gotas congeladas a la intemperie desnuda, úteros dispersos con niños que jamás fueron paridos, pozos de innumerables huesos, dientes de oro, saqueos de casas y cartas personales, gente religiosa que era obligada a escupir sobre la Torá, curas quemados vivos por dar refugio. La lista es inacabable.
Aún hoy, en esta fecha y otras que se conocen tan sólo en el país donde resido, mi imaginación deambula entre el humo de los campos abiertos, la ceniza desperdigada por doquier, y sé que era imposible no haber sabido.
El grito de mi abuelo y todos los gritos que jamás oí, ese aullido infinito, anteceden al silencio inevitable de las tragedias humanas. No al revés. En los campos abiertos de lo terrible el silencio viene después, cuando las palabras ya no alcanzan, cuando no queda más nada por decir, cuando uno descubre que el grito es inútil.
Es allí, en ese silencio, donde se concentra lo innombrable, donde se intenta adormecer el recuerdo; porque pronunciarlo, nombrarlo, es revivirlo. Por eso, supongo, fue que en tantas casas “aquello” era tema prohibido, se convirtió en una especie de acuerdo tácito entre los que allí estuvieron y el resto, que tampoco nos atrevimos a preguntar hasta muchos años más tarde. Porque hablar no ayuda cuando los fantasmas son intolerablemente dolorosos y no hay quién pueda protegernos. Algunos son tan terribles que, aunque uno quisiera explicarlos no podría pues se vuelven inenarrables.
El silencio se convirtió entonces, para la gran mayoría, en el idioma del espanto, abarcándolo todo de manera absoluta, siendo el refugio final del dolor intraducible, como un poema en una lengua muerta y olvidada. No creo que exista sitio más solitario y, a la vez, tan superpoblado como el sufrimiento.
Hete aquí la gran paradoja, el conflicto generado entre la necesidad personal del olvido y la obligación moral de retener los recuerdos, de hacer memoria para los demás (para que no se volviera a repetir y por los que ya no estaban). Algunos fueron capaces de contar. A través de ellos tuvimos acceso, a muy temprana edad, a información con todo lujo de detalles de lo que allí ocurrió. Los nazis mismos se encargaron de que sus “experimentos” quedaran registrados. De todos ellos, algunos incluso de carácter sicológico con intención de descubrir los límites del sufrimiento humano, uno en particular ha quedado grabado en mi piel; aquel en el que se le exigía a una madre que eligieran entre sus hijos, a cuál salvar y cuál enviar a la cámara de gas. No conozco ninguna otra guerra en la que esto haya ocurrido más que en los campos de exterminio nazis. Cada vez que lo pienso me invade una terrible sensación de furia e, irónicamente, siento que llego al límite de mi capacidad de comprensión, a la frontera que me deshumaniza.
Muchos han dicho que fuimos cobardes (sí, dije bien: fuimos -no fueron-, porque allí cambió mi destino para siempre aun cuando no estuve presente), que no nos rebelamos lo suficiente. Se nos acusó de haber sido débiles. Ahora nos acusan de lo contrario. Permítaseme esbozar una sonrisa, y no precisamente de placer.
Algo hemos cambiado, es cierto. Pero esos campos quedaron tan ligados a nosotros, que siguen influyendo en nuestras decisiones (supongo que no siempre para bien). Ser sobrevivientes de sobrevivientes de sobrevivientes, por generaciones (y ahora no me refiero sólo a lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial) es una daga difícil de arrancar. No fue una sola guerra, fueron muchas. Demasiadas. Puede que la paranoia nos haya confundido. Puede que gracias a ella es que seguimos vivos. Seguimos vivos también gracias a aquellos que se jugaron la vida por los otros. Los hubo. Son los héroes silenciosos, los verdaderos. Mi gratitud hacia ellos nunca será suficiente; no solamente por haber salvado a parte de mi pueblo sino porque, gracias a ellos, se ha salvado mi esperanza y mantengo una cierta fe en el hombre.
¿Cuál es mi rol como ser humano, mi deber moral como mujer y como madre, mis obligaciones como judía agnóstica, frente a la historia? ¿Cómo educar a mis hijos para que el temor no los vuelva paranoicos, para que la compasión sea superior a la furia? ¿Para que el respeto por sus raíces no los aísle del mundo? ¿Para que no olviden a aquellos que dieron su vida por la nuestra y, a la vez, no vivan sintiendo que se deben al pasado, para que sean libres de decidir su destino sin culpas? ¿En qué sitio se equilibra el respeto por los muertos, nuestras raíces y nuestra identidad individual?
Las respuestas no son claras para mí y las preguntas no parecen tener fin. Pasado, presente y futuro y las distintas obligaciones en cada rol que me ocupa, convergen en una gran masa de confusiones casi indivisibles. La memoria, en ocasiones, puede pesar toneladas. Ningún ser medianamente consciente tiene derecho a dejarla caer. Habrá que aprender a vivir con ella, mas no por ella. Es la única forma de extraer del pasado un futuro mejor.
Terminal
Toneladas de nombres
sin hombres.
Adheridos a la piel
los números que yo no llevo
y juntan polvo
de cenizas ardientes
en las palas de la memoria
de los nombres sin hombres
en la estación terminal
de los infiernos
y en cada cicatriz
abierta e innombrable…
27 de Enero: Día Internacional de recuerdo a las víctimas del Holocausto nazi (en esta fecha, año 1945, los soviéticos liberaron Auschwitz, el mayor campo de exterminio nazi)
(para activar los subtítulos en español: darle al play, haz click sobre el botón “cc” y elige “spanish”)
** Se calcula que en total, durante la Segunda Guerra Mundial, las bajas llegaron a los 40 millones de personas. Entre 12 y 14 millones en campos de concentración y exterminio. El 50 % eran judíos, pero otros tantos fueron llevados allí por ser homosexuales, disidentes políticos, gitanos, eslavos, Testigos de Jehová, republicanos españoles, discapacitados “inservibles” o por haber ayudado a un judío a escapar. Seis de los siete campos de exterminio (que no es lo mismo que los de concentración) se encontraban en Polonia y el último en Alemania. Los métodos utilizados para el asesinato (tanto allí como en los campos de trabajo forzado), fuera varios. Por sólo nombrar unos pocos: experimentos médicos que se practicaron sin anestesia alguna, ahogamientos masivos, cámaras de gas que debido a “su gran eficacia” fueron mejoradas para llegar a matar de una sola vez a 3000 personas, cámaras con suelos metálicos electrificados donde se eletcrocutaban a los prisioneros, ahorcamientos, golpes de martillo en el cráneo (el preferido para matar a prisioneros de guerra soviéticos), envenenamiento, incineración de personas vivas, etcétera, etcétera, etcétera. Si alguien quiere más información, no tiene más que escribir “campos de exterminio” en wikipedia y recibirá una breve reseña. No falta información. Quien habla hoy de nacismo para referirse a políticas que no son de su agrado, no tiene idea de lo que dice. Cuando se habla de nacismo se habla del mismísimo infierno. Basta con leer “Mi lucha” de Adolf Hitler (sólo escribir su nombre me causa náuseas), para comprender que lo que allí tuvo lugar es simplemente indescriptible. Hubo y hay otros infiernos dispersos por el mundo, claro que sí. No soy ciega, y disculpe quien se sienta agraviado, pero no es el momento ni el lugar para hablar de ello ahora. Espero que alcance con decir que no olvido ni me cubro los ojos; mi memoria y mi consciencia saben que así es. Sigo.
** Zyklon B es el nombre de un insecticida a base de cianuro, fabricado por la compañía IG Farben (Bayer). Al contacto con el aire produce cianuro de hidrógeno gaseoso y resultaba mortal. La eficacia del Zyklon B fue testeado en gitanos y prisioneros de guerra rusos antes de ser utilizado en forma masiva en los campos de exterminio alemán. Para su utilización, se vertía en las tuberías desde el tejado, una vez que las víctimas quedaban encerradas. El Zyklon B reaccionaba con la humedad ambiente interna proporcionada por las personas. Los efectos producidos por el gas en las personas son similares a la hipoxia o falta de oxígeno. Las víctimas comenzaban sintiendo una sensación de asfixia. Posteriormente perdían el control de los esfínteres, luego sobrevenía la inconsciencia, la muerte cerebral, el coma y la muerte, entre 20 y 25 minutos después de ingresadas las dosis de veneno. Los cadáveres eran encontrados dentro de las cámaras, en capas: los más débiles (ancianos, niños) debajo, en el medio las mujeres y encima los más jóvenes y fuertes.
Links y fuentes: *Página del museo del Holocausto Yad Vashem *Blog Mis imágenes *Medicina y Holocausto Wikipedia



25/01/12 at 12:07 PM
Me pregunto cómo es posible que aún hoy halla “gente” que niegue estos hechos ? Cómo es que se atreven?
Donde trabajo (en esta ocasión estoy de licencia) siempre se conmemora este día. Hace 13 años que sé. Un abrazo Maia.
26/01/12 at 9:34 AM
Emma: “Preferiría pensar
que morí brevemente,
y no que nada recuerdo,
aunque viví sin pausa.” Wislawa Szymborska
Un abrazo y gracias.
25/01/12 at 12:25 PM
Puede qure mi respuesta no te guste, cielo… pero, a veces pienso si todo esto no sigue y seguirá porque aún nos empeñamos en separarnos en clasificaciones… Pienso, que lo imperdonable nos hace mantenernos en esas diferencias, y como en un círculo vicioso… esas diferencias (ficticias pero engañosamente convincentes) nos llevan a hacer cosas imperdonables… Y a su vez,… me esfuerzo para ser difeente, sí… diferente al máximo del tipo de ser que es capaz de realizar semejantes barbaries…
Achuchones… diría más, mucho más, me pasaría horas charlando contigo…
25/01/12 at 12:35 PM
India, creo yo, en mi límitada comprensión del mundo, que el problema no son las diferencias, ficticias o reales, sino el no saber vivir respetando estas diferencias. Creo que una de las cosas más bellas que existen es esa mezcla maravillosa de culturas, ¡sería tan aburrido si todos fuésemos iguales! ¿Por qué querer anular estas singularidades que nos hacen humanos, que nos enriquecen la vida? A mi entender, la ley debería decir: todo hombre tiene igual derecho a ser distinto, sin que esto sea motivo de odio.
Achuchones
25/01/12 at 12:55 PM
Marcarlas como las más importantes, cada uno las suyas… como tú dices, es lo que yo quería decir… pero en esta santa casa… también hay de eso de “deja de hacer que lo que tengo que decirte es más importante” gggggrrrrrrr y no me centro… Maia… no me centro…jijijiji
Achuchones!
25/01/12 at 1:00 PM
India, estos son temas que tú y yo hemos conversado tanto ya y conozco tan bien tu forma de pensar al respecto, que aunque no dijeras nada o dijeses todo al revés de como quisiera decirlo, igual te entendería. Besos, y vete a hacer cosas más alegres, shikilla.
26/01/12 at 9:55 AM
India,
“¿Morir? , morir es fácil. Vivir es difícil, para todos.” James Hettfield
Achuchones,
25/01/12 at 3:49 PM
Esos fantasmas nos acechan a todos, aunque entiendo que con mayor motivo a los judíos por la terrible injusticia que sufrieron.
Ojalá nunca más se den situaciones de este tipo.
Estoy contigo: hay que reivindicar el derecho a ser distinto. Los distintos merecen respeto.
Un abrazo.
26/01/12 at 9:37 AM
Isa,
“En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida.” Federico García Lorca.
Besos
25/01/12 at 11:26 PM
La historia no se puede olvidar, es el único modo de evitar que se repita. Entrada necesaria, Maia. La comparto.
Un abrazo fuerte.
Leo
26/01/12 at 9:39 AM
Leo,
“El nombre del guerrero es llanto,
y no será culpable del temblor
ni del secreto eterno de las rosas.
Conoce las preguntas que lleva en la pupila
y llenan de humo el fondo de la boca,
aunque no haya palabras o cancelen su cordura.”
Este gran gran poema es tuyo. Y yo te aplaudo.
Un abrazo
26/01/12 at 12:27 AM
Ni sé qué decirte. Te leí con mucha atención y con el corazón encogido.
“Yo, que no estuve allí, tampoco lo comprendo”.
Dices que te haces muchas preguntas. Cada nueva pregunta puede que sea una duda satisfecha.
Un abrazo silencioso.
26/01/12 at 9:41 AM
Blue querida,
“Mis definiciones serían: es un ser que siente, es un ser que busca, es un ser que ríe, es un ser que sufre, es un ser compasivo, es un ser que espera.” Marcela (Partisana)
Un abrazo
26/01/12 at 2:16 AM
Sabés lo que siento, y no es necesario haber estado para empatizar, tomar una causa humana, por que se trata de eso….de lo humano, lo demás…son adornos. El olvido es la desmemoria, sin que esto quiera decir vivir en el odio,para nada. El odio es parte de una idea donde no se acepta lo diverso y se impone el pensamiento único y no estoy de acuerdo, ni lo comparto…Un abrazo.
26/01/12 at 9:44 AM
Fio, amiga,
“”Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla” Facundo Cabral
Gracias por hacerme sentir que ambas cosas son ciertas.
Abrazos
26/01/12 at 2:29 AM
Escribí y borré…. es muy emocionante y duro tu escrito, igual que Blue, acompañando.
26/01/12 at 9:46 AM
Laura,
“”En lo sucesivo solo se vea entre nosotros una gran familia” Artigas,
Un abrazo compatriota
26/01/12 at 3:40 AM
No deja de provocarme dolor -casi físico- el recuerdo del Holocausto. Sobre todo cuando siguen habiendo individualidades y colectivos que niegan su existencia, rechazando las evidencias que van demostrando los sistemas de tortura y exterminio empleados por los nazis. Parece como si nunca se acabara de mostrar todo cuanto sucedió.
Ya me gustaría saber responderte a tus preguntas, a cuál es tu rol como ser humano, tu deber moral como mujer y como madre, tus obligaciones como judía agnóstica, frente a la historia… pero fundamentalmente creo que debe consistir en no olvidar para no provocar caer en el mismo error (y horror), en transmitir a tus hijos los valores por los que murieron tantos inocentes y el respeto, total y absoluto, por la vida y el derecho a la existencia de todos los seres humanos; sean quienes sean y vengan de donde vengan. Si consigues que tus hijos no provoquen víctimas injustas habrás salvado a gran parte de la humanidad. Algo así como un “efecto mariposa” en positivo…
Ya no hay lágrimas, pero el dolor sigue y seguirá mientras mi mente conserve la cordura.
Se te quiere, ya lo sabes
26/01/12 at 9:47 AM
Mariluz,
“Y en la Tierra paz a los hombres”, Lucas
Y a ti también. Mucho.
26/01/12 at 4:38 AM
“No creo que exista sitio más solitario y, a la vez, tan superpoblado como el sufrimiento…” Me quedo sin palabras ante tu exposición. Te acompaño desde mi silencio respetuoso. Un gran abrazo.
26/01/12 at 9:52 AM
Jess,
“Aprender a convivir con él (el dolor) constituye obligación moral, representarlo cuando es necesario, callarlo cuando es intimidad”. Jess, esto es parte de una de tus maravillosas entradas y fue escrito por ti. No encontrá frase más representativa de lo que siento a veces.
Tus palabras son conmovedoras.
Un abrazo
26/01/12 at 3:12 PM
sin palabras, gracias.
26/01/12 at 6:34 PM
Lu,
Como vos hacés mención al silencio como máxima expresión de lo que sentiste, te regalo una de las frases que más me gustan, de uno de los pocos hombres que admiro:
“«Es lo no dicho lo que se dice más alto»
George Steiner
(Mirá si me gustará, que es la frase que elegí para que acompañe mi novela).
Gracias a vos
26/01/12 at 10:33 PM
Te je leído con respeto, cariño, emoción y pena y tras volver a recordar todo este dolor a través de tus palabras de hoy Maia, me queda una brisa suave al leerte : .”los héroes silenciosos…….gracias a ellos, se ha salvado mi esperanza y mantengo una cierta fe en el hombre…”, creo que esto que dices es una de las cosas que deberías trasmitirles a tus hijos, junto a lo que tambien dices de que hay que saber convivir con la memoria.
Me has emocionado. Un abrazo desde el recuerdo y con esperanza.
26/01/12 at 10:33 PM
perdona;” Te he leído”, claro.
26/01/12 at 10:43 PM
Carmi,
¿Y a ti que frase te regalo en agradecimiento? ¿Un pedacito de mar que se lleve tus penas?
Gracias por leerme, sé lo difícil que te resulta ahora cada visita y lo valoro mucho.
27/01/12 at 6:36 PM
Siempre hubo algún idiota al que seguir. Y desgraciadamente siempre lo habrá.
Las ideas, o la idea de que las ideas son tan importantes como para humillar al que tenemos al lado, deberían de estar desfasadas. Una desgracia de tal magnitud nunca debería olvidarse. Quién despoja al hombre de dignidad se despoja así mismo de respeto.
Sinceramente resulta complicado opinar sobre algo que nunca hemos vivido. El sufrimiento gratuito de millones de personas y las circunstancias de cada uno hasta llegar a ese fatal sino, se nos escapan para todos los que vivimos, sin ser totalmente conscientes de ello, con libertad.
Una entrada que encoge el corazón.
Un apretado abrazo, Maia.
28/01/12 at 11:03 AM
Pipermenta,
Me gusta mucho lo que dices, sobre todo eso de que “quien despoja al hombre de dignidad se despoja a sí mismo de respeto”.
Un gran abrazo !
27/01/12 at 9:46 PM
…aunque no haya nadie que recuerde
yo soy el que recuerda
aunque no queden ojos en la Tierra
yo seguiré mirando
y aquí quedará ardiendo,
No hay olvido, señores y señoras,
y por mi boca herida
aquellas bocas seguirán cantando.
Pablo Neruda
28/01/12 at 11:04 AM
Lau, no conocía estos versos de Neruda.
Por la boca herida…
Maravillosas palabras. Mil gracias
27/01/12 at 10:03 PM
todo lo que el hombre crea,en nombre de la vida..
eso es cultura
Oscar
28/01/12 at 11:06 AM
Gracias por pasar, Oscar.
29/01/12 at 1:32 AM
Ante una salvajada como esta se podría invocar la regla del millón de años. Es una que dice que dentro de un millón de años no importará nada de lo que nos haya pasado, ni a ti ni a mi ni a nadie. Si no invocas esta regla, la atroz enormidad histórica -tan proclive a repetirse en el mundo de forma cíclica- que representa este holocausto, nos devora como si fuera un agujero negro.
Es algo tan enorme que no se puede racionalizar. Y eso que en su planificación los nazis fueron fríos y meticulosos, muy racionales. Va ser cierto que un loco es alguien a quien no le queda otra cosa salvo la razón. Y el maldito reflejo de la “obediencia debida”.
Besos.
29/01/12 at 10:25 AM
Frankie,
¿Un millón? Yo le doy menos. El agujero negro es interno, ese que devora.
No culpo a los que obedecieron por temor (lo que no sé es como hicieron para seguir viviendo), culpo a los que acataron sin cuestionamiento, los que disfrutaron con el sufrimiento ajeno, los que sabían, podían, y no hicieron nada.
“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.” Martin Luther King.
Besos
29/01/12 at 7:27 AM
Bien vos decís, el problema no son las diferencias, pues ellas enriquecen a aquellos que saben apreciadles, aceptándoles en su entereza o sus debilidades.
Beso grande Maia, que encantada estoy de encontrar nuevas entradas en vuestro blog.
29/01/12 at 10:31 AM
Gracias, Ericka. A mi entender, esas diferencias son las que nos igualan.
Un fuerte abrazo,