La presunción de Kafka

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“A partir de un cierto punto en adelante, no hay marcha atrás.
Este es el punto que debemos alcanzar.”
F.Kafka

Algunos hombres deberían ser conscientes de que nos pertenecen más que a sí mismos. Kafka, por ejemplo. Y por ello, debería haberse casado, abdicar de sus presuntas dificultades para la convivencia y dejar que alguna de las tres mujeres que amó, a su manera, a lo largo de su corta vida, estuviera allí para él (para nosotros) cuando se enfermó. ¿Quién creyó ser cuando hizo prometer a su amigo Max Brod a quemar toda su obra si moría? Max hizo bien. E hizo bien Felice en vender sus cartas. Todos los que lo traicionaron hicieron lo correcto. Algunos hombres deberían olvidarse de sí mismos, repito.

Acabé ayer de leer un libro de Elias Canetti, La conciencia de las palabras, al que he hecho más de una veintena de subrayados de párrafos enteros, bastante más de los que acostumbro pues cada vez son menos las cosas que me sorprenden lo suficiente. Hay allí dos capítulos, dos discursos, en particular, que desestructuré para guardar en piezas separadas; piezas que llevan en sí mismas una importancia intrínseca para mí: uno en el que habla de Franz Kafka y otro en el que se centra en el tema del segundo idioma.

En el primero, he marcado, una carta que Kafka le escribe a Felice tras romper el compromiso de matrimonio:

“Tú querías algo que no requiere explicación alguna: una vivienda tranquila, bien amueblada, familiar, como las que poseían las demás familias de tu posición social y de la mía… Ahora bien, ¿qué significaba la idea que te habías hecho de esa casa? Significaba que estabas de acuerdo con los demás, pero no conmigo… Y resulta que esas otras personas llegan casi saciadas al matrimonio, que no representa para ellas sino el último bocado, grande y delicioso. Para mí, en cambio, no; yo no estoy saciado ni he fundado ningún negocio que deba seguir ampliándose año tras año de matrimonio, no necesito ninguna vivienda definitiva desde cuya ordenada paz pueda dirigir dicho negocio; pero no sólo no la necesito sino que además me de miedo. Tengo tal hambre de trabajar en lo mío…pero las condiciones de mi vida actual se oponen a ese trabajo, y si en tales condiciones instalara una vivienda de acuerdo a tus deseos, ello significaría que estoy intentando convertir dichas condiciones en algo vitalicio, es decir, lo peor que podría ocurrirme. “

Kafka pasó por alto al resto de la humanidad cuando decidió que un poco de tranquilidad, de estabilidad, le sería perjudicial. Kafka pasó por alto al resto de la humanidad al morir tan joven, a los 40 años (dos menos de los que tengo hoy). De haber llevado una vida menos angustiante habría escrito mucho más y hoy tendríamos mucho más Kafka. Me dirán que, de haber sido así, no tendríamos nada pues no habría sido Kafka, que era necesario que pasara lo que pasó, incluso que muriera en el cenit de su vida dejándonos huérfanos. Pero ninguna madre, ningún padre, tiene derecho a dejar solos a sus hijos. Los hijos son lo primero siempre. Deben serlo. Y Kafka fue una madre y un padre. Por tanto, no tenía derecho.

Una muerte anunciada

 6 March 1927 – 17 April 2014

Gabriel García Márquez (6 March 1927 – 17 April 2014)

Siempre me gustó estar sola. Sobre todo en mi adolescencia y porque eran pocas las veces que me sentía sola si estaba rodeada de libros. Algunos de ellos pasaron por mi vida sin dejar huellas. Otros, marcaron el sendero para lo que desearía ser más tarde.
Cien años de soledad se lo robé a mi padre y jamás se lo devolví. Pertenece a la primera edición y se le nota. El pobre está más quebrado que entero. Así lo quiero y así me gusta. Crónica de una muerte anunciada, en cambio, lo compré para la clase de literatura del secundario; al que, como es mi costumbre, marqué con notas y pensamientos adolescentes que hoy me resultan más ingenuos que inteligentes.
El amor en los tiempos del cólera fue sin embargo el que más me gustó. Aún recuerdo cómo se me hacía un nudo en la garganta mientras lo iba leyendo y me sentía impotente ante las dificultades y penas de dos que se aman y no pueden tenerse. Fue con este libro que aprendí que el amor no tiene edad pero suele estar perseguido por los desencuentros, que el amor es un milagro que vence toda ley de probabilidad.
Hoy nos despedimos de Gabriel García Márquez. Su narrativa fue para mí como un caminito de piedras. Las recogí y me las metí en un bolsillo para olvidarme de ellas pocos meses más tarde. Pero ellas no me olvidaron a mí habiendo pasado más de treinta años. Así es cuando uno se encuentra con un gran escritor: sus letras vencen el paso del tiempo y, sin demasiado aspaviento, cuando menos te lo esperas, te protegen los agujeros de los bolsillos del alma.

 

“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.”

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.”

“Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse.”

 

Chau, Gabo. Hasta siempre.

Libertad

Feliz Pesach para todo el pueblo judío.  Que todo trabajador pueda vivir dignamente de su salario, que trabajar no signifique ser esclavo como lo es hoy en este país, que las diferencias nos unan en lugar de seguir distanciándonos (sobre todo entre nosotros mismos), y que tengamos paz. Porque sin paz no hay libertad posible.

 

Y felices pascuas para el resto de ustedes, con los que tengo mucho más que una última cena en común.

 

 

 

Botellas de cerveza

 

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Niña buscando basura para sobrevivir.

Ya ha comenzado a sentirse el calor y los primeros en acercarse a la playa son los jóvenes veinteañeros, en grupo . Como si no tuvieran tiempo que perder y la vida fuera un solo día, permanecen allí hasta que no tienen más remedio que regresar al sitio del que, supongo, han huido (aún recuerdo mis veinte).  Al caer la tarde, cuando bajamos las madres con nuestros pequeños por temor a los rayos intensos del mediodía, ellos, los jóvenes, anuncian la retirada dejando tras de sí decenas de botellas de cerveza abandonadas en la arena. Los miro con disgusto: a pocos pasos tienen los tachos de basura. Alguien podría cortarse un pie, pienso. Y también pienso que a veces me resulta imposible separar la falta de interés, de la maldad. Poco más tarde, mientras construyo un castillo con mi hijo, veo aproximarse por la costa a a un hombre vestido de negro: vermuda y blusa amplia. Lleva sus sandalias puestas y sostiene entre los labios un cigarrillo encendido. Carga con dos grandes bolsas de nylon. Ahora se acerca a las botellas que los muchachos y muchachas dejaron tras de sí y las comienza a juntar, como otros más afortunados cosechan su siembra. Sé que no es un limpiador de la municipalidad (los he visto varias veces y llegan más tarde, a eso de las siete o las ocho de la noche). Éste las junta por otro motivo: las vende para no morirse de hambre. Y ahora pienso que, al final, existe escondida en la miseria humana una extraña cooperación que supera mi capacidad de comprensión.

Reflexiones onettianas

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“Por fin, antes de que llegue lo que presiento, debemos aceptar que los cuatro mil millones de vivientes que existen o subexisten o simplemente están en el planeta, molestan. En consecuencia, y como ya fue dicho, las guerras comportan salud y equilibrio con algún centenar de millones de difuntos.
Para dar categoría de actualidad y cultura a este artículo, cito el caso de un noble caballero teutón que deseaba aumentar sus conocimientos mirando y oyendo mediante su televisor la trasmisión de un partido de este Mundial que padezco. Su mujer quería llorar gracias a una película de amor. Había un solo televisor; había una sola mujer. De modo que la frau fue arrojada por la ventana y aterrizó con el deseado llanto y unas cuantas costillas rotas. Así el varón pudo presenciar cómo los argelinos le daban un baile a sus compatriotas. Uber alles.
Y reflexionemos que si la tierra ha iniciado un período de brazos caídos, por algo ajeno a nuestra comprensión será ¿A qué diablos continuar moviéndose? Segundo tras segundo atrasa, por fátiga y desencanto, la tarea que le fue impuesta tantos miles de millones de siglos atrás.”

Fuente: http://www.onetti.net